Go to Top

Manifiesto sobre el Patrimonio Arqueológico en Irak

El Consejo General de Colegio de Filosofía y Letras y en Ciencias, órgano de representación de los profesionales de la Arqueología y la Cultura, lamenta profundamente los crímenes contra el Patrimonio Cultural Mundial que el Estado Islámico esta cometiendo contra los yacimientos arqueológicos localizados en el territorio que ocupan y en algunos museos y bibliotecas.

En el último mes hemos visto cómo se arrasaba la ciudad asiria de Nimrud, el Museo arqueológico de Mosul, la ciudad parta de Hatra, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Organismo de Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura) en 1985, y la ciudad de Dur Sharrukin, o fortaleza de Sargón II de Asiria, que reinó entre los años 722 y 705 aC, en Khorsabad en la norteña provincia de Nínive.

En 1954 se firmo una convención para luchar contra la destrucción del patrimonio cultural en tiempos de guerra, la Convención para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado de La Haya, rubricada por la práctica totalidad de los países miembros de la ONU, entre los que se encuentran Irak (ratificado el 21/12/1967) y Siria (ratificado el 06/03/1958).

La destrucción que se está produciendo en Irak sobrepasa los horrores a los que nos tienen acostumbrados las guerras cuando no se protegen los bienes arqueológicos o se aprovechan estas circunstancias para el expolio internacional, e incluso cuando se aprovecha un monumento, ante el paraguas que supone como zona protegida, para perpetrar actos bélicos.

En las actuales circunstancias nos encontramos con la destrucción sistemática de un patrimonio milenario por motivos ideológicos. Se trata de una damnatio memorie, de eliminar no sólo el patrimonio material sino intentar eliminar la memoria histórica, argumentado desde una justificación religiosa.

El daño irreparable que se esta produciendo contra un patrimonio mundial común debe despertar las conciencias de la Unión Europea y de todos los países que defienden las libertades públicas y el derecho a su disfrute por todos los ciudadanos y nuestros descendientes.

No podemos quedar inactivos o esperar que una corte penal internacional posteriormente juzgue a unos criminales imprecisos. Los estados deben actuar directamente para impedir estos crímenes contra la humanidad, con la misma dureza que con los que producen víctimas civiles del conflicto armado.

La magnitud del crimen que se esta pergeñando y la previsión de que este va a continuar en el futuro exige a la comunidad de naciones el tomar medidas inmediatas para salvaguardar el patrimonio cultural en la zona de conflicto, ahora extendido a Irak, Siria y Libia.